• Creando lazos de vida desde 1976

  • Nuestros momentos clave

    1976

    A los 23 años, Olivier Baussan destiló romero por primera vez utilizando un antiguo alambique.

    De este gesto fundacional nació lo que él llamó L’Occitane.

    1978

    En 1978, Olivier se trasladó a una villa situada en las colinas sobre Manosque, en Volx. La producción seguía siendo completamente artesanal. Los primeros colaboradores incluso tenían que pedalear una bicicleta para hacer funcionar la máquina de etiquetado.

    Dos años después, se inauguraron la primera fábrica y la primera boutique en ese mismo pequeño pueblo.

    1993

    En 1993, se creó la Crema de Manos Karité.

    Su tubo metálico, inspirado en los tubos de pintura, se convirtió en un símbolo: una belleza nacida del gesto de las manos, un cuidado que toma forma a través del vínculo entre las mujeres del Sahel y los artesanos de Provenza.

    2004

    En 2004 nació una colección sensorial con el Aceite de Ducha de Almendra, seguida en 2006 por el Aceite Corporal de Almendra.

    Cuatro años antes, Olivier Baussan unió fuerzas con Jean-Pierre Jaubert, un productor provenzal, para contribuir a la revitalización del cultivo del almendro en Provenza.

    Desde 2025, nuestra cadena de suministro de almendra en Provenza cuenta con certificación de Comercio Justo.

    2026


    Este legado constituye la base de la historia de nuestro 50.º aniversario: una Maison nacida de un solo gesto y guiada por un vínculo profundo y duradero con Provenza.

    En el origen: la historia de un alambique y una visión

    Descubre nuestra historia

    Un Simple Gesto

    Desde 1976, un gesto nacido en la Alta Provenza se ha convertido en una Maison con presencia global.

    Desde 1976, L’Occitane en Provence ha tejido una conexión vibrante entre la naturaleza, las mujeres y los hombres. Todo comenzó con un momento decisivo: Olivier Baussan, con tan solo 23 años, destiló unas ramas de romero en el corazón de la Alta Provenza. Este gesto simple, poético y artesanal se convirtió en la base de una marca profundamente arraigada a su territorio, nutrida por el saber hacer local y guiada por una visión humanista de la belleza.

    Cincuenta años después, este legado sigue siendo una fuerza viva: transformar ingredientes icónicos —desde la lavanda hasta la manteca de karité— en experiencias sensoriales expertas, y celebrar a las comunidades que han dado forma a la marca.

    Este aniversario no es una mirada al pasado, sino un homenaje vivo a una historia moldeada por Provenza, los encuentros y el deseo de compartir un arte de vivir único.

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    Celebrando nuestro Legado